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6.8.11

Juan Carlos Chébez - Yo plantaré mi árbol

Aunque el hacha derrumbe todo el monte
y quemen la guarida de los pájaros,
y le armen trampas a los tigres viejos,
yo plantaré mi árbol.

Aunque sigan creciendo las represas,
y hasta lo vuelvan maloliente al lago,
y lo envenenen al halcón y al sapo,
yo plantaré mi árbol.

Aunque eliminen todos los baldíos,
y a cada yuyo logren arrancarlo,
y suba el humo y se me tape el cielo,
yo plantaré mi árbol.

Aunque anden encerrando los jilgueros,
y pongan precio al ensueño alado,
y le roben pichones a los loros,
yo plantaré mi árbol.

Aunque se olviden el camino al campo,
y ya no se sorprendan con la luna,
ni con el cielo limpio y estrellado
yo plantaré mi árbol.

Aunque me maten ese niño alegre,
que llevaba en el alma desbocado,
con tanta envidia, falsedad y mentira,
yo plantaré mi árbol.

Aunque me quieran atajar a veces,
y me arrodille solo y agotado,
y a veces pierda el rumbo a lo sagrado,
yo plantaré mi árbol.

Aunque no entiendan nunca la poesía,
y al canto criollo crean anticuado,
y no comprendan la tristeza india,
yo plantaré mi árbol.

Aunque me sienta solo, abandonado,
yo seguiré plantando cada árbol,
y floreciendo en versos y canciones,
para que mi hijo crezca convencido,
que hay un futuro alegre, iluminado,
un futuro verde y positivo,
con miles de árboles creciendo en el camino.
(2003)

20.9.10

PALABRA POÉTICA: el abrazo

Me abrazaste una tarde,
abarcaste mi cuerpo
con tu cuerpo de campo, manos de carpintero.
Vibró mi vieja piel en las líneas del tiempo
y hasta las ramas bajas descendieron las aves
custodiando el momento.

Fue también mi abrazarte rodeándote de aromas
y de oscuros silencios,
no tenías olor y te impregné del mío
a resinas del bosque, a líquenes y flores
pero ya estaba escrita
tu partida.

Algo se me quebró cuando te fuiste
algunas ramas altas
y lloraron mis hojas
afinadas y duras.

Para mi eternidad fue muy breve tu abrazo.

Te alejaste impregnado de mi humor y mi aliento.

Yo me quedo mirando
por encima del bosque
los caminos que vienen desde el lejano norte
y pienso en tu regreso.

©Gladys Lopreto

PALABRA POÉTICA: El árbol que mataron en mi puerta

Mi árbol aún está aferrado a la vereda
como obstinado fantasma de familia,
y entre el encaje oscuro de su fronda
brilla la estrella que me guardó de niña.

Escucha aún mis sueños y las voces
lejanas de la infancia me avecinan
sus flores amarillas, tarde a tarde,
el recuerdo en el alma arremolina.

El arbol de mi calle no está muerto:
cual breves mariposas blanquecinas,
con la lluvia pertinaz de los otoños
todavía me regala sus semillas.

Graciela Seoane

18.9.10

PALABRA POÉTICA: Enrique Banchs - Sombra de árbol

Gracias, sombra sagrada de los árboles.
Ahora te derramas en mis brazos,
sombra, y siento un humor como de aurora
sobre la hierba nueva de los prados.

¡Amigo de los pájaros!: tú eres
como la casa mía por lo manso
y por esa humildad de fortaleza
que hay en tus ramas bellas como brazos.

He parado mi planta en el camino,
y una serenidad grave de lago
pones sobre el asombro de mis ojos...

Para el fin de la vida y del trabajo,
como un sudario todo de armonía,
tenga tu gran serenidad, hermano.

(En: El cascabel del halcón)

Silvia Di Leo - ¿Qué aprendió el árbol...

“¿Qué aprendió el árbol de la tierra para conversar con el cielo?” Pablo Neruda

Aprendió a penetrar la roja arcilla
y a abrir surcos en la dura roca
a doblarse en el viento y levantarse
a derramar su copa en una sombra
Aprendió la razón de las prisiones
y el deseo profundo de ser libre
a dudar de la vida en la sequía
a cobijar los pájaros de noche
Aprendió a desprenderse de sus frutos
y jugar en otoño con sus hojas
a teñirse de verde y amarillo
a quedarse desnudo de su historia
Aprendió que le debe su existencia
y que al morir la tierra lo perdona

8.9.10

GLADYS LOPRETO - Rojo y negro

Mi sangre, rojo y negro.

Rojo de los antiguos hombres que poblaron la tierra,
fino fluido de la vida,
raíces que se abrazan
al tejido enterrado de árboles y de pájaros,
suave río caliente
que me inunda por dentro
trasportando canciones,
alumbrando mañanas y atardeceres,
susurrando
los deseos del aire que recorre los cuerpos,
los envuelve y los une
en comunión sagrada.

Los hematíes de mi sangre
llevan el antiguo fuego.

      Pero también
      un líquido plomizo,
      un hollín insidioso,
      entraron para siempre
      y anidaron el centro cordial de cada célula
      del río que surcaba transparente mi cuerpo.
      Entonces
      el aire no es gozoso,
      entra abriendo la carne con oscuros cuchillos
      y nos une a las sombras.

      Nunca más
      la alegría primigenia,
      nunca más
      la claridad del canto,
      En la laguna
      pesada asciende el agua
      bajo una lluvia fría y lenta que no acaba.

A veces
un brillo, una luz, una palma caliente,
es el rojo que brota,

      pero otras
      la cabeza se inclina agobiada de asfalto,
      grávida de negrura
      y no remonta el vuelo.

©Gladys Lopreto

Gladys Lopreto - ALDEA GLOBAL

El Amazonas
       el Matto Grosso.

Sólo nombrarlos y el aire verde
en suaves brisas llenas de vida
brota por sobre los grandes ríos
de entrañas ricas
y el ondulante follaje fresco
que pinta sombras en la hojarasca.
Brota y envuelve los sembradíos,
las tierras áridas y las ciudades
donde la gente acuna sus sueños
que luego ahoga en las aguas quietas
de un mar metálico
de aguas pesadas y peces muertos.

Pero la selva
dará energía,
soplará aliento en el mortecino
obrero turco, marroquí, hispano
de Berlín o Toledo
para que puedan seguir boqueando
junto a la máquina
que escupe artículos de excelencia
asistida por chips y música ligera.

    Por eso
    la selva es sagrada
    para los poetas, los generales,
    los hombres de la bolsa
    y los nordestinos hambrientos.

Y nuestras tierras
de entrañas ricas y pobres gentes
abrirán nidos
para la muerte, que ya no cabe
en los castillos y en los museos
de un mundo viejo.

©Gladys Lopreto

2.9.10

el ciruelo

                    ciruelo de mi puerta
                si no volviese yo,
                la primavera siempre volverá


                tú
                florece

(poesía japonesa anónima)


30.8.10

B. FERNÁNDEZ MORENO - Le digo a un sauce

Sauce: en verdad te digo que me das compasión,
como si fuera un nido se te ve el corazón.

Tu pecho, verde y claro, no puede guardar nada:
te penetra hasta el fondo la primera mirada.

Cuando desciende el sol ¡oh sauce! a iluminarte,
te atraviesa como un puñal de parte a parte

y a través de tus ramas perezosas y bellas
filtra toda la noche con su millón de estrellas.

Aprende, sauce, de ese ciprés fúnebre y mudo,
grave como un secreto y prieto como un nudo.
En: Intermedio provinciano

B. FERNÁNDEZ MORENO - Ombú

Te yergues al extremo de la calle
tapando una porción del horizonte:
gigante, verdioscuro, todo hojas,
tú solo vales casi medio bosque.
Confusas y espinosas cinacinas
ocultan a mis ojos tus raigones
y eso que el ancho tronco se derrama
en un montón dormido de leones,
y si con algo puedo compararte
es con aquella nube que no corre.
Algunos chicos juegan a tu lado,
pasan detrás de ti autos veloces,
y cuando dentro de unas pocas horas
el crepúsculo gris todo lo borre,
parecerás, por negro y por redondo,
el núcleo originario de la noche.
En: Intermedio provinciano

B. FERNÁNEZ MORENO - Al pino de San Lorenzo

Pino de San Lorenzo que vi en una ocasión,
yo no puedo dejarte sin alguna canción.
A tu pie descansó José de San Martín,
ciego de sable corvo y sordo de clarín.
Pino de San Lorenzo, al borde del camino,
el árbol más hermoso, el más ilustre pino,
frescura, sombra, aroma, impulso, fuerza, aliento
para el futuro asalto del granito y el viento.
Sé que estabas guardado por encendidas rejas,
¡oh tus hojas tan nuevas y tus ramas tan viejas!
Y al fondo unos naranjos y cipreses agudos
más unos cuantos frailes macerados y haldudos.
Pino de San Lorenzo, te lo confieso ahora,
yo sentí la ascendente congoja del que llora,
la misma que sentían mujeres y varones
bajo la copa llena de sol y de gorriones.
Y dije: espera un poco que el recuerdo sea miel,
yo enredaré a su tronco inflexible laurel.
Pero al tratar de hacerlo veo que es otra cosa:
apenas si mis versos te mullen una rosa.
Que diga lo que pueda esta tinta vertida,
de las cómplices tapias, de la campana herida,
y del oro y del verde del removido llano,
y del cielo distante, y del río cercano.

En: Rama patriótica

BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO - Romance

Si con doblar la cabeza
bastara para acabar,
pues ya la habría doblado
como fruto al madurar.
Pero quiero que me dejen
bajo un ombú secular,
entre hojas secas y hormigas,
sol y viento y humedad.
Como si hubiera caído
allí, por casualidad.

En: Penumbra (1937-1939)

BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO - Nubes

¡Cómo pasan las nubes sobre tu cabecita!
¿Alcanzarán a verlas tus ojos azulados?
Ojalá seas siempre como ellas:
capaz de ir de uno en otro lado,
de contornearte en un millón de formas,
de vestir los colores más extraños,
de deshacerte en los agudos picos,
de perderte de vista de tan alto,
regar la tierra de menuda lluvia,
tronar soberbio, despedir el rayo...

También es bueno ser tronco de árbol,
recto, inmutable, pardo.

En: Los hijos (1919-1924)

Rafael Alberti - ¡A volar!

Leñador,
no tales el pino,
que un hogar
hay dormido
en su copa.

-Señora abubilla,
señor gorrión,
hermana mía calandria,
sobrina del ruiseñor;
ave sin cola,
martín-pescador,
parado y triste alcaraván:

¡a volar,
pajaritos,
al mar!

En: Marinero en tierra

ANTONIO MACHADO - A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo, en el hogar, mañana,
ardas, de alguna mísera caseta
al borde de un camino;
antes que te descuaje el torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Romildo Risso y Atahualpa Yupanqui - El aromo

Hay un aromo nacido
en la grieta de una piedra.
Parece que la rompió
pa' salir de adentro de ella.
Está en un alto pela'o,
no tiene ni un yuyo cerca,
Viéndolo solo y florido
Tuito el monte lo envidea.
Lo miran a la distancia
árboles y enredaderas,
diciéndose con rencor:
Pa uno solo, cuánta tierra.
En oro le ofrece al sol
pagar la luz que le presta.
Y como tiene de más,
puña'os por el suelo siembra.
Salud, plata y alegría,
tuito al aromo, la suebra
Asegún ven los demás
dende el lugar que lo observan.
Pero hay que dar y fijarse
como lo estruja la piedra.
Fijarse que es un martirio
la vida que le envidean.
En ese rajón, el árbol
nació por su mala estrella.
Y en vez de morirse triste
se hace flores de sus penas...
Como no tiene reparo,
todos los vientos le pegan.
Las heladas lo castigan
L'agua pasa y no se queda.
Ansina vive el aromo
sin que ninguno lo sepa.
Con su poquito de orgullo
porque es justo que lo tenga.
Pero con l'alma tan linda
que no le brota una queja.
Que en vez de morirse triste
se hace flores de sus penas.
¡Eso habrían de envidiarle
los otros, si lo supieran !

25.8.10

SILVIA DI LEO - Hay un tronco

Hay un tronco desolado
que espera
     en él veo
          la corteza
               los nudos
               las cicatrices
Alguna vez fue verde
        alguna vez fue brote
                alguna vez fue árbol
y hoy lo veo dormido mansamente
                sobre su origen
                            solo
                            esperando como yo
                                                la llama

En: Poesía

César Vallejo - Sauce

Lirismo de invierno, rumor de crespones,
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones
que en la tarde rezan una despedida.

Visión del entierro de mis ilusiones
en la propia tumba de mortal herida.
Caridad verónica de ignotas regiones,
donde a precio de éter se pierda la vida.

Cerca de la aurora partiré llorando;
y mientras mis años me vayan curvando,
curvará guadañas mi ruta veloz.

Y ante fríos óleos de luna muriente,
con timbres de aceros en tierra doliente,
clavarán los perros, aullando, un adiós!

En: Los heraldos negros

23.8.10

Nicolás Guillén - Palma sola

La palma que está en el patio,
nació sola;
creció sin que yo la viera,
creció sola;
bajo la luna y el sol,
vive sola.

Con su largo cuerpo fijo,
palma sola,
sola en el patio sellado,
siempre sola,
guardián del atardecer,
sueña sola.
La palma sola soñando,
palma sola,

que va libre por el viento,
libre y sola,
suelta de raíz y tierra,
suelta y sola,
cazadora de las nubes,
palma sola,
palma sola,
palma.

En:  El son entero

21.8.10

de Octavio Paz

el árbol no es el nombre árbol, tampoco es una sensación de árbol...
los nombres, ya lo sabemos, están huecos...
apenas lo digo, las cosas se vacían y los nombres se llenan, ya no están huecos, son plétoras, son dadores, están henchidos de sangre, leche, semen, savia, están henchidos de minutos, horas, siglos...
las palabras
son los signos de inteligencia que el tiempo se hace a sí mismo
entonces
las cosas se mueren para que vivan los nombres: entre mis labios el árbol desaparece mientras lo digo y al desvanecerse aparece...
míralo allá, en la eminencia del terreno, opaco entre la masa opaca de los árboles...
irreal en su bruta realidad muda...
la realidad mas allá del lenguaje no es del todo realidad, realidad que no habla ni dice no es realidad